ER Diario
13/11/2019

Comerciantes de Gualeguaychú en guerra con “super chinos”

Desde el Centro Comercial e Industrial denuncian “deterioro en la estética comercial, principalmente en el centro, que desfavorece a la ciudad”.

Comerciantes de Gualeguaychú, nucleados en el Centro de Defensa Comercial e Industrial (CDCI) de esa ciudad, advirtieron sobre los “supermercados chinos”.

En la voz de Luis Dalcol, Asesor Contable del CDCI, dijeron que “los “super chinos”  emiten  documentación de ventas con nombre de sus proveedores, de distribuidores (que no son chinos) y que  están ubicados en esta plaza. Es decir que facturan con identidad del mayorista sin estar habilitados a vender desde ese local para evitar una fase de la tributación, principalmente de impuestos y tasas con características piramidales. Los  negocios pequeños no acceden a este sistema de cuestionada licitud y de explícita operatividad”, sentencian.

Además, en un comunicado enviado a Entre Ríos Diario, plantean quejas respecto de “otras instalaciones de comercios cuyos titulares son personas que no estaban afincadas en la ciudad, por el manifiesto acompañamiento municipal diferenciado en su instalación y  del nulo control sobre la justificación del origen de los bienes comercializados”.

A esto, agregan que “causan importantes aumentos en el valor de los alquileres -que no se reflejan en  las contrataciones- y visualizan un notable deterioro en la estética comercial, principalmente en el centro, que desfavorece a la ciudad”.

A esto, suman críticas “sobre saladitas, con obras iniciadas y en trámite de habilitación municipal”. A esta situación, “requieren  el dictado de normas -que exijan  a todos- de un capital  mínimo arraigado acorde con el negocio a radicarse”. Por esto expresan que “no existe una política que vele por la probidad comercial”.

 

Competencia

“La lealtad en la competencia requiere de igualdad en las condiciones y en los tratamientos. La competitividad debe sustentarse en la eficiencia de la prestación del servicio y no en la transgresión de las normas o de los valores”, dijo Dalcol.

“Si nuestra intención es convivir en armonía es ineludible el respecto de las reglas. De no ser así se afianza  la viveza, el atajo, que luego puede derivar en la reacción indeseada e injustificada que vemos en otras comunidades”, agregó.

 

Cuestión cultural y control

“Se ha dicho reiteradamente  que la base del problema es cultural. De conductas aprendidas y repetidas que no favorecen la convivencia y que a la larga acarrean mayores problemas. El ejemplo debe bajar de las autoridades en el ejercicio de la función pública y en la implementación de programas educativos que nos marquen desde niños el comportamiento en sociedad. A la luz de la realidad parece una utopía pero no por ello se debe claudicar”, dijo.

“Lo expuesto no obvia el control por parte de los organismos responsables, que se denuncia ausente,  sobre la tributación de las actividades, de la propiedad de los bienes comercializados y demás condiciones que resguardan la nobleza comercial”, cerró.

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