El dirigente Rubén Pagliotto reflexiona sobre el centenario partido.
“RADICALES: NO MÁS SUJETOS SUJETADOS POR EL PODER”.
Por Rubén Pagliotto
“Dejemos de ser sujetos sujetados por el poder. El poder piensa por nosotros. Somos, por tanto, sujetos interpretados”, exponía en una magistral clase de filosofía política, José Pablo Feinmann. Dejemos de ser pensados por el sistema y comencemos a pensar por nosotros mismos, autónomamente.
A propósito y releyendo a Heidegger que decía estas cosas, cuánta y sustancial razón tenía. Y tiene.
Decía el filósofo alemán: “ pensar sólo acontece como aprendizaje, pues el pensar mismo está siempre de camino hacia el pensar”.
En la U.C.R., que siempre nos jactábamos de tener y practicar un pensamiento crítico y ser autónomos e independientes, a juzgar por lo que indica la realidad, hemos entregado resignadamente ese principio rector y fundacional, que es por otra parte ratificado Krausianamente, a grupos y facciones políticas que sostienen y practican ideas muy diferentes a las nuestras, inspiradas en otras fuentes y visiones. Adviertan en la familia radical, que nuestros socios de la anémica UTE electoral, adscriben claramente a la Internacional Liberal y nosotros, hasta donde sé y me consta, a la SOCIAL DEMOCRACIA, a la que ingresamos gracias al empuje final que dió sabia y decididamente Raúl Ricardo Alfonsín, quien gozó y goza, de un enorme prestigio internacional.
Abundando un poco más, Horacio Oyhanarte, biógrafo y amigo íntimo de Yrigoyen, refería en relación al Krausismo profesado intensamente por aquel, que: “Ya en sus comienzos nomás –dice- este espíritu alto y selecto venía sintiendo esa sed sagrada que hace buscar a través del tiempo y del espacio la comunión con los espíritus inmortales, la amistad de los libros… La filosofía espiritualista con sus ensoñaciones y voceros iluminados, le atrajo subyugándole… Pero, a quien ha frecuentado con mayor predilección es al sucesor de Ahrens en la Universidad de Bruselas, el clásico Tiberghien. Es éste –agrega- un filósofo espiritualista lleno de encantos complicados y de razonamientos puros”. Era necesario decir estas cosas, porque esto explica al invencible doctrinario que hay en el doctor Yrigoyen y por qué nosotros, sus legatarios, debemos ser feligreses de la misma. Un convencimiento no nace, como muchos creen, sólo de su carácter: se rectifica y se confirma en su ciencia, en sus vastos conocimientos de derecho político, de finanzas, de economía y en su firme comprensión de la filosofía de la historia.
Me extendí un tanto y puse el foco en Hipólito Yrigoyen, para dar cuenta fundadamente, por qué considero que estamos siendo colonizados por otras corrientes, sin ninguna necesidad, sin perjuicio de que sea válido y necesario, actualizar (i.e., aggiornar) las ideas y prácticas del partido; pero eso sí, sin abjurar jamás de su esencia ni de sus principios fundacionales que conforman su indeleble sello identitario.
Soy también consciente, y creo que todos coincidiremos en ello, que estamos hace ya bastante tiempo, en medio de una batalla cultural de enormes y desconocidas dimensiones, acaso, prediluvianas, pero agravada hasta el paroxismo desde la aparición de Javier Milei, quien le ha sumado a la coyuntura, desquicio, rompimiento de ciertos códigos de eticidad que debieran ser inalterables e insustituibles, falta de sensibilidad y la restauración de un darwinismo social muy marcado con pizcas de falta de humanismo y perspectiva política, despojado de sentimientos y de lo que se llama empatía.
Es decir, para ser más explícito todavia, esto es la consagración abierta y oficial, de una cultura que prontamente nos exhibirá, sin verguenza y con bochornoso e impúdico desparpajo, como los rostros vergonzantes de un mundo que mide sus valores en cifras. Tenemos frente a nosotros, por imperativo ético insoslayable, la obligación republicana, de dar dura e infatigable batalla contra este monstruo que se está levantando y que, de parmecer inmóviles y silentes, nos hará retroceder en cuatro patas hacia un camino sin retorno.
Hay que aunar esfuerzos y voluntades con otras fuerzas partidarias y organizaciones sociales que participen de similares principios y que, más alla de las diferencias y matices, seamos capaces de priorizar coincidencias y generar una positiva y dinámica sinergia, con aptitud y volúmen para reaistir estos embates de una derecha reaccionaria, negacionista, neocolonial y entreguista, que reniega del rol del Estado y abjura con inusitada violencia del diálogo racional que exige la democracia, pretendiendo aniquilar irresponsable e insensiblemente conquistas y derechos sociales que ningún argentino o argentina de bien estamos dispuestos a entregar indignamente.
Sólo y únicamente depende de nosotros. Esto nos urge e interpela, y así debemos actuar antes de que sea demasiado tarde.