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05/10/2026

Cómo impactará la inteligencia artificial en el trabajo entrerriano

Un informe de la FCE de la UNER estimó que el 23% de los ocupados urbanos de Entre Ríos, unas 121 mil personas, trabaja en ocupaciones expuestas a la inteligencia artificial generativa.

La proporción llega al 29% entre los asalariados privados registrados. El investigador Leandro Rodríguez explicó qué actividades están más expuestas y, pese a los desafíos que plantea la transición, se mostró optimista sobre el impacto que la tecnología puede tener en el trabajo.

 

La inteligencia artificial generativa ya dejó de ser una discusión sobre un futuro lejano. También en Entre Ríos empieza a modificar la forma en que se realizan determinadas tareas y a plantear interrogantes sobre el futuro del empleo. Un informe de la Facultad de Ciencias Económicas (FCE) de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER) puso números a ese fenómeno y estimó qué parte del mercado laboral provincial está expuesta a estas nuevas tecnologías.

El trabajo fue elaborado por el docente e investigador de la UNER Leandro Rodríguez y publicado por el Centro Interdisciplinario de Estudios de la Facultad de Ciencias Económicas (CIEFCE) bajo el título “Inteligencia Artificial Generativa y Trabajo en Entre Ríos: ¿qué ocupaciones y qué actividades están expuestas?”.

Para realizar la estimación, el estudio toma como referencia una metodología desarrollada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y analiza las ocupaciones a partir de las tareas que las componen. De ese modo, determina cuáles pueden ser realizadas o asistidas por sistemas de inteligencia artificial y cuáles requieren capacidades que, al menos actualmente, permanecen fuera del alcance de estas herramientas.

El principal resultado es que el 23% de los ocupados urbanos de Entre Ríos, unas 121 mil personas, se desempeña en ocupaciones expuestas a la inteligencia artificial generativa. Entre los trabajadores asalariados privados registrados, la proporción es todavía mayor: alcanza al 29% de los puestos, unos 42 mil trabajadores.

Pero hay una aclaración central: estar expuesto no significa que ese puesto vaya a desaparecer.

Rodríguez explicó en una entrevista que una misma ocupación puede contener tareas con distintos niveles de exposición. Puso como ejemplo al periodismo. La redacción, la corrección o la revisión de textos pueden ser realizadas actualmente con ayuda de inteligencia artificial. Pero entrevistar, buscar información, verificarla, determinar si una noticia es relevante y construir un vínculo de confianza con una audiencia requieren otro tipo de capacidades.

En ese sentido, el investigador destacó el valor de la empatía y la confianza que puede generar un comunicador con su audiencia. “Hay un conjunto de tareas dentro de la ocupación del periodista que no van a ser sustituibles por la IA”, señaló a Malos Perdedores (Radio Costa Paraná – 88.1 – lunes a viernes de 08 a 11).

Qué actividades están más expuestas

El informe ubica entre las actividades con mayor exposición a los servicios financieros y profesionales, el comercio y la administración pública.

En el otro extremo aparecen el agro, la agroindustria, la construcción y el servicio doméstico, que presentan menores niveles de exposición.

La explicación está en la naturaleza de las tareas. Las actividades vinculadas con el procesamiento de información, la administración, la generación de contenidos o determinadas operaciones rutinarias pueden ser realizadas, total o parcialmente, por herramientas de inteligencia artificial generativa.

En cambio, las ocupaciones que requieren una fuerte presencia física o tareas manuales presentan actualmente una exposición directa mucho menor. Rodríguez mencionó como ejemplos al albañil, al electricista o al enfermero.

Sin embargo, el investigador planteó que allí aparece una segunda dimensión del problema: el impacto indirecto.

Un trabajador puede no tener una tarea que pueda ser reemplazada por la IA y, aun así, verse afectado por los cambios que la tecnología genere en otros sectores. Si determinadas actividades requieren menos trabajadores, puede modificarse el nivel de ingresos y de demanda dentro de una economía.

Rodríguez explicó que, además, buena parte de las tecnologías de inteligencia artificial son desarrolladas fuera de la Argentina. Por eso, una parte de la renta generada por su utilización puede salir del país.

El efecto, según su planteo, puede terminar alcanzando a actividades que no tienen exposición directa. Si cae la demanda, puede haber menos trabajo para sectores como la construcción, los servicios o el comercio, aun cuando las tareas específicas de esos trabajadores no puedan ser realizadas por una inteligencia artificial.

 

El empleo público, ante una posibilidad de reestructuración

La administración pública aparece como uno de los sectores con mayor exposición a la inteligencia artificial, especialmente por el peso de las tareas administrativas.

Rodríguez señaló que una parte de esas actividades podría ser automatizada, pero sostuvo que eso no debería traducirse necesariamente en despidos.

La alternativa, según planteó, sería reorientar a los trabajadores hacia tareas que la inteligencia artificial no pueda realizar y que tengan mayor productividad desde el punto de vista social.

“Hay toda una posibilidad enorme de reestructurar y reorientar la fuerza de trabajo para el bienestar del conjunto”, sostuvo.

Ese proceso, de todos modos, requiere políticas públicas. La cuestión no sería solamente incorporar tecnología, sino definir qué ocurre con los trabajadores cuyas tareas pierden relevancia y cómo se los capacita para ocupar nuevos puestos.

El desafío, además, no sería exclusivo de Entre Ríos. Para Rodríguez, los gobiernos nacionales y provinciales tendrán que encontrar mecanismos para participar de la dinámica de adopción de estas tecnologías y captar parte de la renta que genera el cambio tecnológico.

Informe CIEFCE N 68 – Inteligencia artificial generativa y trabajo en Entre Ríos (1)

Una revolución más rápida

Para Rodríguez, la transformación actual tiene una característica que la diferencia de otras revoluciones tecnológicas: la velocidad con la que se incorporan las nuevas herramientas y la amplitud de las actividades alcanzadas.

En la entrevista recordó que fenómenos similares acompañaron la aparición de tecnologías como la máquina de vapor, el motor de combustión interna o internet. El temor a la destrucción de puestos de trabajo, sostuvo, no es nuevo.

La diferencia está en la velocidad. La inteligencia artificial generativa se incorpora mucho más rápido y puede alcanzar simultáneamente a actividades muy diferentes.

Eso reduce el tiempo disponible para que los trabajadores adapten sus conocimientos y habilidades.

Pero Rodríguez evitó una mirada exclusivamente negativa. Su planteo es que las revoluciones tecnológicas anteriores también generaron, en el mediano y largo plazo, nuevas actividades y mejores condiciones laborales, aunque atravesaron períodos de transición y desplazamiento.

De hecho, sostuvo que el avance tecnológico permitió históricamente reducir tareas pesadas y riesgos laborales y generar nuevas actividades y formas de empleo.

Por eso, frente a la inteligencia artificial generativa, se mostró optimista. Su expectativa es que, si la adopción de la tecnología se gestiona adecuadamente, pueda liberar a las personas de tareas repetitivas y rutinarias y permitir que la fuerza de trabajo se oriente hacia actividades de mayor productividad económica y social.

El desafío, según su planteo, estará en cómo se atraviesa esa transición: qué hacen el Estado y las empresas con los trabajadores cuyas tareas pierdan relevancia, cómo se los capacita para nuevas funciones y cómo se distribuye la renta generada por el aumento de productividad.

La radiografía de Entre Ríos, entonces, no anticipa 121 mil despidos. Muestra dónde está la exposición al cambio tecnológico y abre una discusión sobre cómo aprovechar una transformación que Rodríguez, aun reconociendo sus riesgos, mira con optimismo.

Fuente: Radio Costa Paraná – Entre Ríos Diario