El Premio Estímulo para la Dra. Daiana Capdevila y el Dr. Marcos Tascon, que habló con Malos Perdedores sobre cómo las barreras de árboles afectan al material particulado suspendido en el aire. El Premio Fundación Bunge y Born 2026 fue para el Dr. Omar Azzaroni.
Una investigación realizada desde una perspectiva física y química estudió cómo las barreras de árboles afectan al material particulado suspendido en el aire. Estas partículas, de menos de aproximadamente 20 micrómetros, permanecen flotando porque son demasiado pequeñas para caer rápidamente por gravedad. El estudio se originó en la necesidad de comprender cómo la contaminación deteriora y corroe obras de arte en un museo ubicado junto a una avenida muy transitada, pero sus resultados tienen aplicaciones más amplias.
Marcos Tascon es investigador especializado en química analítica, fue ganador del Premio Estímulo a la Investigación Científica de la fundación Bunge y Born, y, durante una entrevista con Malos Perdedores (Radio Costa Paraná – 88.1 – lunes a viernes de 10 a 13), contó detalles de la investigación.
Para medir la contaminación, explico, se utilizaron líquenes como biomonitores, ya que absorben material particulado. Fueron colocados en distintos puntos del museo, en la vereda y progresivamente más lejos de la calle, junto con muestras de hojas de árboles. También se analizaron las partículas retenidas y los metales que transportaban, muchos de ellos nocivos para la salud.
El trabajo mostró que gran parte del material particulado provenía del desgaste de los automóviles, no solamente de la combustión: también contribuían el desgaste de los neumáticos y de las pastillas de freno. La cantidad de partículas disminuía al atravesar líneas de árboles. En particular, el jacarandá demostró ser una barrera muy eficaz, porque retenía grandes cantidades de material particulado en sus hojas. Su capacidad de absorción resultó destacable incluso frente a especies europeas estudiadas con grupos de Italia.
Aplicaciones ambientales y sanitarias
La contaminación retenida por los árboles, agregó Tascon, no sólo afecta a los edificios y las obras, sino también a las personas. “Las partículas de 10 micrómetros pueden penetrar en el sistema respiratorio, mientras que las partículas más pequeñas, de alrededor de 2,5 micrómetros o menos, llegan más profundamente e incluso pueden alcanzar el torrente sanguíneo. Por eso, los resultados pueden extrapolarse a escuelas, parques industriales, ciudades y zonas productivas, incluidas actividades agropecuarias que generan emisiones. Las líneas de árboles, adaptadas a cada contexto y combinando distintas especies, podrían ayudar a filtrar el aire contaminado”, precisó.
Ciencia básica y aplicada
El caso muestra cómo una investigación aplicada, inicialmente orientada a proteger piezas de museo, puede resolver problemas regionales de salud y ambiente que no estaban contemplados al comienzo. También evidencia la importancia de la ciencia básica: el estudio pudo realizarse gracias a conocimientos previos sobre la absorción de partículas por líquenes y sobre el magnetismo del material particulado urbano, además de técnicas desarrolladas por otros grupos. La investigación básica proporciona herramientas y fundamentos que luego permiten aplicaciones con impacto social más directo, aunque su utilidad sea menos visible.
Trayectoria y próximos desafíos
Tascon comenzó química por afinidad con las ciencias exactas y descubrió su vocación durante un voluntariado en un laboratorio de la Universidad Nacional de La Plata, alrededor de los 19 o 20 años. Allí le atrajo la posibilidad de formular preguntas, explorar, adaptar métodos e intentar desarrollar soluciones nuevas.
Su grupo continúa procesando datos de otros museos, evaluando nuevas especies de árboles y líquenes, y comparando especies nativas y extranjeras. Una línea doctoral busca identificar otros contaminantes, además de metales, que viajan adheridos a partículas de apenas dos micrómetros. Esto permitiría detectar contaminación transportada a 100 o 200 kilómetros de su fuente y demostrar que lugares sin focos contaminantes propios pueden verse afectados por sustancias generadas en otras regiones.
Premios Científicos Fundación Bunge y Born
El Premio Fundación Bunge y Born se entrega ininterrumpidamente desde 1964, siendo uno de los reconocimientos más importantes del ámbito científico nacional, tanto por el prestigio del jurado y de los premiados, como por su magnitud. Distingue la trayectoria y los aportes de destacados científicos argentinos. El Premio Estímulo, en tanto, resalta a los investigadores jóvenes más relevantes en su disciplina, y se entrega desde 2001.
Entre las figuras galardonadas se destacan el Premio Nobel argentino, Luis Federico Leloir (1965, Medicina) e investigadores como: Gabriel Rabinovich (2014, Medicina Experimental), María Beatriz Aguirre-Urreta (2016, Paleontología), Carlos Balseiro (2017, Física), Víctor Yohai (2018, Matemática), Sandra Díaz (2019, Ecología), Jorge Medina (2020, Neurociencia Experimental), Diego de Mendoza (2021, Microbiología), Galo Soler Illia (2022, Nanociencias), Raquel Chan (2023, Agrobiotecnología), Alberto Piola (2024, Ciencias del Mar y la Atmósfera) y Alberto Kornblihtt (2025, Bioquímica y Biología Molecular).
Disciplina y premiados 2026
La disciplina elegida para este año fue la química, ciencia que estudia la composición, estructura, propiedades y transformaciones de la materia y su relación con la energía. Esta disciplina es central porque se conecta con otras ciencias y está presente en los materiales que dan forma al mundo. Su desarrollo permitió el estudio de sustancias naturales, su estructura, propiedades y procesos; y también la creación de nuevas sustancias y materiales.
Fuente: Radio Costa Paraná – Entre Ríos Diario








