Un texto a propósito de la muerte de Patricia Mena y de Kiara. Tras una tormenta el agua se llevó sus cuerpos luego de que colapsara su vivienda a orillas del arroyo Colorado.
Por Florencia Gómez
Una ciudad, sus arroyos, sus bordes de agua que llegan al río. Una “ciudad con suerte”, se suele decir, porque tiene barrancas que la protegen de las tormentas más voraces, una geografía litoral que se precia de su altura y su privilegio. Sin embargo, en momentos excepcionales, han llegado tempestades oscuras que supieron teñir a la ciudad de luto.
Un arroyo desbocado, enfurecido, envalentonado por un vendaval de agua y viento, barro y mugre fue el centro del dolor de una comunidad. Patricia, Kiara, una casa, una familia, una mirada perdida ante la maleza que rodeaba a la familia en la vida cotidiana.
El arroyo con su bravura se las llevó. La familia rota le imploró al mismo arroyo que devuelva sus cuerpos para despedirse y dejarlas descansar en paz. Una correntada terrible que arrastró una casa entera, con la familia dentro. Una masa de agua furiosa provocó la desesperación de un hombre, Miguel, que se tiró al arroyo en medio del diluvio para rescatar a su familia. Pudo salvar a dos hijos; el agua se llevó a su esposa, Patricia y a su hija de diez años, Kiara. Paraná, una ciudad con nombre de río, queda ensombrecida una vez más ante el espanto. Somos -el uso de la primera persona es intencional- una comunidad que se viste de luto porque el dolor es demasiado extenso y no se termina de asimilar. Los gritos de Miguel al arroyo, su mirada mojada y perdida, su dolor interminable ante el desastre.
Hoy, sábado 21 de febrero, la familia de Patricia y Kiara decidió hacer una misa en el barrio, en el lugar exacto donde estaba la casa antes de esa tormenta maldita durante la madrugada del jueves pasado. Se invitó a la comunidad y a quienes gusten acompañar con una vela. Una despedida, un deseo de descanso en paz después de la tempestad, un abrazo al dolor, un momento para hacer silencio por las vidas que se perdieron. Un luto necesario, respetuoso, digno. Lo merecen. Merecen respeto, silencio y dignidad. Merecen un pulso de vida sobre ese pedazo de tierra arrasada.
Habrá otro tiempo para mirar el reflejo en el espejo del horror. Habrá más tiempo para discutir mezquindades, egoísmos y habrá oportunidad para que todos rompan el gran silencio que la muerte deja tras de sí. No es hoy. No se admite el gesto miserable, no se soporta la falta de cortesía y la palabra inadecuada. Hoy es todo silencio y respeto ante el dolor. Vendrán otros días, con nuevas conversaciones en torno a los arroyos en Paraná; habrá que tener el valor de mirar con fiereza el espejo que nos devuelven esas vidas arrancadas por la furia de una tormenta y los cursos de agua que desbordan y avanzan sobre la gente.
Mucho queda por hacer, por pensar, por ejecutar. Todos, como comunidad, como habitantes de la ciudad que asistimos al desastre y lamentamos el desenlace. Todos nos debemos a éste momento de sombras.
Mas hoy, no se debe desperdiciar la pertinente ocasión de permanecer callado.
Se eleva en silencio una oración por Patricia Mena y Kiara Barrios, por su descanso; en acompañamiento a Miguel y sus dos hijos que las despiden.







